Ayer murió un ladrón. De guante blanco, sí, pero ladrón. Ayer murió un ladrón, y además murió de forma violenta, presuntamente por su propia mano. Ayer un ladrón condenado como tal, que se encontraba en libertad y sin medidas cautelares por su buen comportamiento, a la espera de que su sentencia fuese firme para ingresar en prisión, se retiró a la lujosa finca donde en tiempos más felices para él gustaba de practicar la caza, y a primera hora de la mañana se montó en su lujoso auto, tomó su lujosa escopeta, y en un ejercicio de contorsionismo digno del Circ du Soleil, se descerrajó (presuntamente) un nada lujoso tiro en el pecho. Ayer murió un ladrón, y hoy nos dicen que a los muertos hay que dejarlos descansar en paz, que las cosas se dicen en vida, y que incluso los seres odiosos tienen seres queridos que sufren viendo como su muerte se convierte en motivo de celebración.
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jueves, 20 de julio de 2017
viernes, 23 de mayo de 2014
De mal gusto, apologías y dobles varas de medir.
Vayan por delante antes de nada unas cuantas cosas. Primero, un asesinato es un acto abominable. Siempre. Sea el de un humilde trabajador o el de un sanguinario capo mafioso. Segundo, nadie está legitimado para tomarse la justicia por su mano. No entender eso nos lleva directos a un mundo como el del Salvaje Oeste, donde la justicia la dictaba quien desenfundaba mas rápido. Y a mi me encantan las películas de Clint Eastwood, pero no es ese el mundo donde quiero vivir, y sospecho que quien lea esto tampoco. Y tercero, burlarse de un muerto es de muy mala educación. Especialmente cuando el cadáver todavía está caliente. Las burlas y las bravatas a cuenta de quien ya no puede defenderse no tienen mérito. Ya se que, quien más, quien menos, todos lo hemos hecho alguna vez, pero no deja de estar feo. Digo todo esto, porque, ya lo adivinaran, voy a hablar del "cadáver de moda" estos días. Y de la polvareda que se ha levantado acerca de lo que es una lamentable tradición en este país: el mal gusto a la hora de entender y practicar el humor negro. Lamentable tradición que, sin embargo, no debe servir como excusa para una nueva andanada represiva contra la ya demasiado castigada libertad de expresión en España. Especialmente si ves que donde para unos se mira con lupa, para otros hay manga ancha a la hora de decir barbaridades.
Pintada de mal gusto aparecida en el escenario del ya famoso "crimen de León".
sábado, 27 de julio de 2013
El eslabón más débil y la jauría de canallas.
No es extraño que España te sorprenda, muchas veces para mal, a veces para bien, y en algunas ocasiones, para bien y para mal al mismo tiempo. Y siempre suelen ser los mismos los que lo hacen en cada uno de los sentidos. Siempre será el pueblo llano, la gente mas humilde la que te sorprenda para bien, mientras que son los poderosos, los dirigentes económicos y políticos, junto con sus altavoces mediáticos, los que te harán sentir nauseas con su actitud. En estos momentos está en marcha una nueva versión de esta vieja historia, a cuenta de un hecho trágico, el accidente ferroviario que el miércoles 24 de julio se llevó por delante la vida de al menos 80 personas en la ciudad de Santiago de Compostela. En un primer momento fue motivo de orgullo la actitud de los ciudadanos de a pie, volcándose en la ayuda a los damnificados por la catástrofe. Sin embargo, pasadas esa primeras horas, y a medida que la necesidad del apoyo a las víctimas dejaba paso a otra necesidad, la de aclarar las causas de la catástrofe, hemos empezado a ver esa segunda cara mas miserable de este país, esa actitud cobarde y traicionera de aquellos que ostentan responsabilidades, y que siempre están dispuestas a sacudírselas de encima cuando hay un problema, y a poder ser, cargarlas sobre los hombros de aquellos que tienen poca o ninguna capacidad de defenderse.
Cartel anónimo que circula por las redes sociales, criticando el tratamiento de la tragedia ferroviaria por parte del diario ABC.
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